Los Antagonistas.



Recurro al antagonismo, la rivalidad entre aquellos que respiran y transpiran, entre la ingenuidad y la soberbia, el que vemos en la televisión y el snapchat , el antagonismo de uno con el otro como el problema real, la soberbia recibida y emitida a la que recurrimos para poner en evidencia las carencias derivadas de la presunción, la ética que en lugar de ser crítica en nuestras prácticas y haceres, adolece en su alma esclava y arrastra a quienes consideramos absurdos. 

Que obscenas las acciones de nuestra especie, que coraje esconde esa agresividad por parte de los que promulgan la libertad, un desaliento evaporado al ver un feminismo excluyente, una anarquía controlada, que triste ver que nuestra aguda capacidad de identificar violencia en la cultura se vea mermada por la legitimación de la represión, por foros de desahogo, esa absurda receptividad pasiva, un movimiento social liquidado como moda y tendencia. 

Desde 1910 ya se podía acariciar la liberación del género y la emancipación de la mujer para llegar así a la comprensión de lo distinto, proveernos del escaso prestigio de la oportunidad. Aquella revuelta que mencionaba Emma Goldman, El feminismo, aconteció un respiro de aire fresco escapando de una bolsa de plástico, pero esta ventisca resultó árida, áspera de ser comprensible y ser comprensiva. Confundida en la dificultad de definir al humano, la existencia y la moral.

¿Con qué certeza somos feministas y no consumidores del Girl Power vendido en pins y coronas de flores con fotos de Steve Bucemi?


Resistir de la convivencia con la ignorancia adquirida de las instituciones corroe la misión vital Girl Gang. Ansió encontrar en el feminismo más allá de abolir la depilación, la unión y sentido de inquietud fuera de las bandas de punk rock y tumblr, verlo como un movimiento de lucha abriendo paso a la sensibilidad sobre las minorías, que no legitime sus tragedias por terceros, que no se asomé a cometidos incoherentes para su misión.

Que comodidad al dejar que las ideas sean producto para las nuevas generaciones, y que tragedia que aquellos que cuestionan nuestro existir se vuelvan espectros de consumo. Que peligroso no darnos cuenta de esta posesión de nuestro juicio.  
     
Melissa C.


Melissa Olivares

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